Desempleo, morosidad, mercados y protección social |
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La semana termina una vez más, cae el mes de agosto y a medida que cambia el clima y la luz nos damos cuenta que el verano 2009 llega a su fin. Las noticias recibidas durante esta semana nos hablaron del colapso, incertidumbre y falta de profesionalidad y diligencia en el asunto del “cheque parado”, terrible denominación para una medida que supuso la esperanza de miles de personas que finalmente no accederán a ella. Conocimos el contrasentido paradójico de la morosidad que desciende en el mes de junio casi para tomar impulso y saltar nuevamente sobre nosotros en septiembre. Y las previsiones de destrucción de empleo que, ante la falta de consenso, toman un cariz aún más preocupante. España definitivamente no sabe o no puede acometer el diálogo social mientras los datos de consumo nos hablan de caídas superiores a cuatro puntos si comparamos los datos con la crisis del 93. El consumo paralizado inmerso en una demanda bloqueada que disminuye los precios de los bienes y servicios llevando al tejido empresarial a situaciones insostenibles ante la falta de financiación y la caída obligatoria de la productividad. Un país inmerso en mucha incertidumbre, mucha desconfianza y mucho miedo que, al mirar a su alrededor, observa como los capitales de los gestores se mueven nuevamente en los mercados ante la carrera veloz de las economías emergentes y las empresas tecnológicas, estrellas indudables de la recuperación global. Las economías se recuperan y advierten a España que los problemas serán aún mayores si no disminuye su déficit público y, España escucha con estupor estas advertencias mientras las dotaciones de los ayuntamientos para los bancos de alimentos y la cobertura social se suceden ante la indefensión de las familias. Una crítica situación difícil de acometer y compleja de restaurar que, comienza a preocupar a los estamentos de poder y de cuya solución, nadie tiene certeza. |