Bancos, diálogo social y cambios |
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Tras dos años intensos de crisis, hemos sido testigos de grandes caídas que jamás hubiéramos pensado que viviríamos. El sistema bancario funcionaba a pleno pulmón, sin discriminación y concediendo préstamos y créditos a destajo, colaborando con el crecimiento del país, un país que se situó al borde del pleno empleo con la misma rapidez con la que los empleados de la construcción pegaban los ladrillos. Se promulgaban cartas de derechos de los ciudadanos al amparo de la Unión Europea y leyes que pretendían la protección de los ciudadanos. El estado de bienestar, era el estandarte de la sociedad española. De pronto estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y conocimos conceptos nuevos, hipotecas subprime, swaps, desempleo y crisis, nuevamente. La sociedad española, escéptica y arrogante pensó que sería un ciclo más y no prestó mucha atención a las voces de alerta. Hoy tenemos a los grandes caídos, Lehman Brothers, Bernard Madoff, Royal Bank of Scotlan, son los testigos mudos de que cuando el crecimiento se basa en la especulación y la falta de transparencia, cuando un sistema funciona sin límites ni control es como cuando los hijos crecen sin autoridad, nada funciona bien. Y ni tan siquiera nos sirvió Basilea, el prestigio que pretendía reforzar la seguridad, las provisiones, evitar la especulación, la consolidación, nunca se tuvieron en cuenta y, como la mayor parte de textos legales, quedó solo en unos textos fantásticos pero sin aplicación. Las agencias de calificación no pudieron hacer nada frente a un poder hegemónico que manejaba los hilos de los ciudadanos que terminó con el estado de bienestar en apenas una década. Y, ahora, los grandes caídos son siempre los mismos, las familias, las PYMES, los autónomos, los niños que viven cada día la angustia de ver como su familia se desintegra al mismo ritmo que los bancos reciben ayudas estatales. Esta crisis terminará pero el cambio necesario para crear nuevamente una sociedad que funcione es tan drástico, que se tienen serias dudas que la sociedad española, una sociedad que ni tan siquiera es capaz de cerrar favorablemente el diálogo social, por medio del compromiso y la concesión, sea capaz de acometer cambios tan profundos. |